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Híjole… a ver si este arranque es el bueno. Ayúdenme a ayudarme ¡JA!

*Película de la semana: Inglourious Basterds de Quentin Tarantino
*Canción de la semana: Mi muñequita sintética de El Haragán.

¡Claro! No quiero dejar para mañana lo que puedo publicar hoy… ¡También regresó el semanal!

*Película de la semana: Promises de B.Z. Goldberg y Justine Shapiro.

*Canción de la semana: Mi Matamoros Querido de Rigo Tovar (por aquello de haberte extrañado).

¿Y las de ustedes?

;)

¡Ten tu cambio!

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Sí, la imagen nos remonta a la publicidad de una famosa librería que lleva por nombre el apellido de un honorable pensador y político indio.

Pero a lo nuestro: me quedé pensando, porque estaba revisando mis posts viejos y noté cierta agresividad porque la gente no escribía comentarios suficientes para llenar la pantalla (y mi ego). Y, aunque ya no estoy totalmente de acuerdo con aquel pensamiento en contra de mis lectores, sí creo en algo: los buenos blogs, no los hacen los talentosos bloggeros (aunque sí se necesita mucha creatividad), los hacen los buenos lectores. Porque para ellos son los blogs, para los lectores es que habemos unos cuantos que seguimos en la intentona de hacer de este espacio algo atractivo, fuera de lo cotidiano, queremos hacer de este espacio nuestro espacio (en todo el sentido de las palabras).

Antes de continuar, yo les pido una sincera disculpa por haberme ausentado tanto tiempo. Muchos(as) fans me reclamaron, me incitaron y me han inspirado a seguir con este, nuestro espacio.

Por eso, he aquí un pequeño empujón para aquellos que también han abandonado este humilde pasatiempo: el de escribir para ustedes, para nosotros.

1. Mi querido amigo Hugo, que con su Cambalache Cerebral en verdad se ha quedado sin palabras (no es mentira, él mismo lo acepta). Nuestro bloggero en común no ha escrito nada desde el 11 de Marzo. (Ya lo sé, él sustituye la C y la Q por la K, pero neta que hay muy buenas recomendaciones en su blog).

2.Elia, mi Elia, mi eterna Elia. Tanta dulzura en sus letras; porque aunque esté pasando por un trance de locura, lo redacta bonito. Si no me creen chequen su espacio: De chile, dulce y manteca. Yo sé bien que ahorita tiene la mente en otro lado y quizá por eso se lo perdono un poco. Pero Elia: no nos abandones, queremos saber más y más de todo… como en botica. (Ella lo dejó desde Enero 12) :(

3. He aquí el ejemplo de alguien tan intermitente como todos y como ninguno: La Rifa del Tigre. Nuestro Millet ha dejado pasar varias jornadas sin siquiera brindarnos una letrita perdida… aunque tiene la manía de siempre volver. Digamos que es como el paso del elefante: lento, pero aplastante. Su última entrada la hizo el 15 de agosto.

4. Un blog que yo calificaría más visual que otra cosa es el de Ale. Pero seamos sinceros Ale, a veces te pasas décadas sin mandarnos un dibujito… tanto talento y nosotros tan sedientos. Alejandra lo último que hizo fue el 5 de agosto en: No me vuelvo a enamorar. A ella la respeto demasiado, digamos que nos conectamos a través de muchos comentarios.

5. “Adiós mi chaparrita, no llores por tu Pancho, que si se va del rancho muy pronto volverá…” Ojalá que Fito no nos deje más tiempo colgados en el rancho. ¡Vamos carnal! La distancia debería unirnos, hagámoslo por este medio. Pancho no llores tú ha estado sin novedades desde el 8 de junio… ¡ay qué caray!

6. Güerita color de llanta… Éste hermanito nos metió un susto al haber abandonado su Relleno Sanatorio por casi cuatro meses. Aunque en agosto volvió, ¡no queremos que suceda lo mismo otra vez! Werever: es verdaderamente admirable cómo sacas las letras antes de que se fermenten…

Y por último, les presento uno nuevo:

7. Mi gran amigo Andrés, que sigue en Canadá (y tampoco fue para echarme un pinche telefonazo cuando vino a México) abrió su propio espacio para seducirnos con su obra. En verdad, yo admiro a este muy querido amigo mío. Pero juzguen ustedes mismos en : Andres’ Art Stuff. No se pueden quedar sin conocerlo.

En fin, ¿qué opinan? ¿tengo o no tengo razón? Hagamos una cosa, échenle un ojo a todos y pues… lo discutimos con comentarios en este y los demás blogs en cuestión.

                                                             ;)

(Mi querido hermano Peito casi me obligó a crear una categoría para estas historias, estrenándose hoy por cierto)

Últimamente me ha tocado viajar en taxi. Y en efecto, se han presentado varias historias dentro de este particular transporte… Sobresalen dos.

Historia #1: Los  recios viajes de Gulliver.

Día: Jueves Hora: 11.30pm. Trayecto: Xochimilco – Centro de Tlalpan. Chofer: Hombre de pequeña estatura, moreno, 67 años (un día antes de su cumpleaños)

  • Gabo: Buenas…
  • Chofer: Buenas noches, joven. Tlalpan Centro ¿verdad? (Ya había dicho la dirección por ser taxi de sitio)
  • Gabo: Sí, por favor… ¿llevaba mucho esperando?
  • Chofer: No, acabo de llegar… ¿Ya a descansar?
  • G: Así es… ¿usté se queda toda la noche no?
  • C: Sí, pero mañana es día de descanso… no circula el coche y me tomo el día libre.
  • G: Y bien merecido, supongo.
  • C: Pos sí joven, además mañana me voy a festejar con la familia…
  • G: Déjeme adivinar… ¿es su cumpleaños?
  • C: ¡Ja! Le atinó a la primera… ¿pos qué comió?
  • G: Ya ve… tengo un don para atinarle a los cumpleaños, como que se le nota en la cara a la gente cuando se acerca la fecha. (Temo decirles que es mentira, alcancé a ver la fecha de nacimiento en el tarjetón)
  • C: Ahora sí me agarró en curva… (Yo me solté a reír discretamente porque justo estábamos en una curva, no sé si lo dijo a propósito o nomás coincidió)… Ya ni chingan estos, me cae… (un gatito atropellado)
  • G: ¿Quienes?
  • C: Pos los pinches culeros que manejan bien recio… ya se echaron al pobre animal…
  • G: Sí caray, y eso que esta calle es tranquila…
  • C: Además van en la pendeja, como si fuera domingo en la Alameda y fueran a pie. Y luego otros que salen de la fiesta, ni le miden al acelerador… aquí mismo, el otro día vi como un cuate se volaba los topes como si fueran clases en la secundaria; iba bien recio y ni se frenaba. Yo pensé “el primer tope, pos no lo vio…” pero no, así se aventó toda la calle. Y queriendo rebasar a huevo; yo me quedé atrás de él pa’ no pagar los platos rotos… total, yo no tengo prisa nunca. Luego me dice el pasaje “voy a tal lado pero llevo prisa”. Yo siempre les digo que yo no… que el que maneja soy yo, y si no les parece pos que tomen otro taxi ¿no?. Mire usté, ahorita porque no hay tráfico pues uno va sin pararse tanto, pero aún así no le puede pisar uno recio… ya ve cómo le fue al pobre gato. Y mire que las distancias han cambiado mucho; yo vivo allá en San Pedro Mártir y bajar a Xochimilco pues no me cuesta nada… pero luego llevar pasajes al aeropuerto o al Norte de la ciudad ¡sí está cabrón! Pos ya me la paso todo el día en el coche… y me gusta manejar ¿eh?, pero tampoco tanto.
  • G: No’mbre… con estos tráficos, la ciudad es imposible.
  • C: Y eso que uno va sentado, escuchando música o platicando con los usuarios… pero ¿a pie? Fíjese, una vez m’hija se me puso remala, y yo rezaba pa’ que sanara… y la vieron doctores y nada, no había avance. Entonces le hice el fiel juramento a la Virgen de irme caminando descalzo desde mi casa (San Pedro Mártir) hasta la Basílica ¡con mi hija en los brazos! Los primeros kilómetros pues ni una bronca… pero después, no’mbre ya no la ve uno venir… sí está canijo. Y luego la gente se para: “-¿a dónde va? – a la Basílica… -¿no quiere aventón, yo lo acerco? -No gracias, mejor camino.” Y no por desconfianza ¿eh? porque se ve gente de fe, pero una promesa es una promesa y a huevo la tenía que cumplir…
  • G: … (yo aún con los ojos muy abiertos, no logré decir palabra alguna, todavía)
  • C: ¿Y qué cree joven? Que lo logré. Y no nomás eso ¿eh? Me aventé desde el portón (dijo el nombre pero no me acuerdo) hasta dentro ¡de rodillas!. Y m’hija pos estaba chiquita, tenía como un año y medio cuando se me enfermó.
  • G: … Y… ¿Sí alcanzó a rezar o le cerraron? (fue lo único que se me ocurrió, lo juro)
  • C: ¡Jaja! Pos sí, ni me acuerdo a qué hora salí de mi casa ni a qué hora llegué allá, pero sí le recé a la Virgen, porque además me la curó (no sé por qué no me sorprendió ese comentario).
  • G: ¿Hace cuánto de eso?
  • C: Pos échele… mi hija ahora tiene 34 años y vive en Cancún. Allá tiene dos casas que ella se ha comprado solita. Ha trabajado recio, pero ya la está haciendo. Y porque la dejó el marido… un cabrón que se hizo alcohólico… Se fueron juntos porque él tenía una buena chamba, lo contrataban en los yates para amenizar las fiestas…
  • G: ¿Él es músico?
  • C: No, él toca el piano y la guitarra (¿?) y lo contrataban pa’ las fiestas en un yate… y no le pagaban mal, pero de fiesta en fiesta pues le empezó a gustar el chupe y lo terminaron corriendo. Y bueno, de ahí surgieron muchas broncas con mi hija, y ella le pidió el divorcio… y como ella tiene (hizo señal con la mano para decir ‘huevos’) pues este cabrón lueguito se lo dio, pa’ no meterse en broncas con ella. Porque salió brava m’hija ¿eh? Y ya ahorita está muy bien, trabaja mucho, eso sí… pero gana bien.
  • G: ¿Y no va ir a Cancún a verla?
  • C: Pos no todavía… estos cabrones de la Secretaría de Transportes no me sueltan unos papeles, que dicen que todavía debo una lana… ya me falta poco, nomás 700 pesos más y ya termino ese trámite… pero es que son bien colgados y careros. Ahí me tiene yendo hasta Atzacoalco (No sé pero se oye lejos) desde San Pedro por un pinche trámite… Y que no lo reciben en otro lado, nomás allá. ¡Cabrones! Pudieran poner una oficina en el norte, en el centro y en el sur ¿no? Además por esas cosas hay más tráfico… porque la gente del sur tiene que ir hasta el norte de la ciudad por esos pinches trámites; si pusieran una oficina por acá pos no se hace tanto tráfico ¿no? cada quien me movería por sus lugares… Y además la gente que va en la pendeja… Pero ya, mañana no circulo y me voy con la familia. No quiero gastar mucho para ir a ver a m’hija a Cancún, que ya tiene mucho que no voy pa’llá, nomás me acuerdo que el mar es azúl, azúl; y la arena blanca, blanca…

(Ambos nos quedamos un rato en silencio, con la mirada perdida, como si estuviéramos contemplando aquel horizonte de aquellas playas lejanas)

  • G: Si puede pararse adelante de la camioneta blanca, por favor.
  • C: Claro que sí joven…
  • G: Pues muchas gracias y feliz cumpleaños.
  • C: Ándele joven, gracias a usté. Buenas noches.
  • G: Buenas…

Bajé del automóvil, saludé al poli en turno, entré a mi casa y me quedé pensando: ¿No habrá tenido que regresar a la Basílica para que ahora le sanaran los pies?…

(Dejemos pues, la segunda historia para otra ocasión)

 

Todos somos Marcos parte II

(Para poder regresar, primero hay que irse ¿no? Pues aquí me tienen, con la firme no-promesa para con ustedes de quedarme… como el Rock&Roll.)

 

¡Ya me regañaron!

Pero es inevitable y a veces necesario sacar las piedritas del zapato.  Y he aquí lo que el viento nunca se llevó…

Yo disfruto cuando escribo pensando en ti. Disfruto cuando escribo pensando en mi. Disfruto desayunar con jugo de naranja. Me gusta disfrutar una michelada en medio de la resaca. Me gustan los pies de mi chorreada. Me gusta contar chistes malos. Verdaderamente me gusta Lo que el viento se llevó. Me gustan los días nublados sin frío. Me gusta mucho manejar en carretera. Me fascina Roma y lo que significa para ti y para mi. Me gusta el olor de la lluvia. Me fascinan las fotografías en blanco y negro. Me gusta mi habitación con Marlond. Me gusta apuntar frases de películas en mi libreta negra. Me gusta pintar (aunque no sé). Me gustan mis aretes y mi cabeza rapada. Me gustan los besos en rincones inolvidables. Me gusta llegar a casa y platicar con mi madre. Me gustan mucho las cantinas (y lo que se hace en ellas). Me gusta leer. Me gustan los payasos. Me gustan mucho los perros. Me gusta la buena vida que se dan los piratas. Me gustar estar aquí cuando mi hermano viene a comer. Me gusta cenar fuera. Me gusta Tepoztlán (y todo lo que significa). Me gusta hartarte con mil y un besos. Me gustan tus axilas. Me gusta el “a mi nunca ni me ninguno nadie, porque yo ya” y los involucrados detrás de la frase. Me gusta mucho el romper de las olas en piedra y el desvanecer de la espuma en la arena. Me gusta fumar de madrugada. Me gustan las hamburguejas al vapor del Alets. Me gusta mucho estar enamorado de la persona indicada. Me gusta mucho que seas mi primera y última llamada del día. Me gusta el expresionismo abstracto. Me gusta el guión de la Güera. Me gustan mis pies desde que te gustan a ti. Me gusta que les guste a ustedes como escribo. Me gustan las palomas y las ballenas azules. Me gusta el Jack Daniel’s. “Me gusta el olor del napalm por la mañana.” Disfruto de mi condición de mandilón de vez en siempre. Me gusta creer que no tengo que morir para conocer el paraíso. Me gusta mucho mi nombre y mis apellidos. En verdad disfruto mucho cantarle a Hostia por las mañanas, cuando está modorra. Me gustan las endorfinas del amor. Me gusta el olor de las estaciones de gasolina (lástima que las gasolineras no son nada agraciadas). Me en-lo-que-cen las fotos de Santiago Egea Juárez. Me gusta ir al gimnasio y tener dolor muscular toda la semana. Me gusta releer los sueños apuntados en mi libreta negra. Me gustó la última entrega de Harry Potter. Me gusta estar bronceado. Me gustan un chingo las pulseras de mis tobillos. Me encanta el golpeteo de la cola de Hostia sobre mi cama cuando regreso por la noche. 

Me gusta brindar por seguir queriéndote toda la vida. Me gusta probar el efecto de resucitar.

-Chaparrita, voy a llegar más tarde porque vamos a ir al cine. Te quiero mucho, cenas rico. Besos.

-La abuela ya va en camino Hostia, no te desesperes. Un besote, te quiero!!!

-¿Quieres ir a casa de mamá a jugar? Ahorita paso por ti, vete arreglando. Besos

-¡Ni te imaginas lo que te compré! Es la hostia… jaja. Te adoro chaparrita!!.

-Te extraño muuuucho!

-Estoy en el tráfico atorado, ojalá estuvieras conmigo (pero vomitas mi tapete) Jaja te quiero!!

-¿Qué haces? Seguro que mordiendo alguno de mis tenis ¿¿verdad canija??

-Estoy en la playa y te extraño un chingo mi chaparrita hermosa. Muchos besos!!

-Ya voy para allá y voy con mamáaaaaa!!! Te queremos!!!

-¿Te puedes fijar si ya se acabó la carnaza?

-Adiós mi chaparrita, no llores por tu Pancho, que si se va del rancho, muy pronto volverá…

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De paseo por las nubes

Ando suavena: Dícese del carnal que la está pasando a toda madre TO-DOS-LOS-DÍ-AS.

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A Hostia, por hacer de mi algo increíble.

A Lucía, por hacer esta vida increíblemente más chida.

“Dar es amar,
dar prodigiosamente
por cada gota de agua
devolver un torrente…”
-Miguel A. Asturias- CAUDAL

Un buen día, LuLu (de gran corazón), estaba en su habitación cuando escuchó el llorar de un cachorrito. Apresurada fue a la guardería que está al lado de su casa y les preguntó por el perrito que lloraba. Una educadora -poco humanitaria- le dijo que era de ella y que estaba en la azotea. LuLu subió y vio una pequeña caja cerrada con un hoyito y seguía el continuo llorar del perrito. LuLu reclamó a la educadora que abriera la caja; en ese instante un rayo de luz entró en las pequeñas e ingenuas retinas de la cachorrita. Al lado de esta caja había otra con las mismas características. También fue descubierta otra perrita. LuLu le dijo a la doñita que iban a quedarse en su casa y cuando se fuera le tocara para recogerlas, y así no estarían encerradas en la azotea sin comida ni agua.

Y así fue: LuLu se las llevó a su dormitorio; les puso comida, agua y una mantita para que se echaran. Pasadas las horas laborales, Gabos llegó a casa de su amada LuLu. Ésta le platicó la infortunada historia de las perritas y se las presentó. Ambos regresaron a la guardería con las perritas para devolverlas. LuLu le hizo prometer a una de las educadoras que la perrita que se iba a llevar la atendiera con mucho cariño, espacio, comida y salud. Y a mitad de la plática surgió que la otra perrita no tenía hogar asignado aún, entonces LuLu le sugirió a Gabos que él se la quedara para su casa, pues éste ya tenía muchas, pero muchas ganas de tener una cachorrita. Gabos pensó para sus adentros, en una fracción de segundo, las posibilidades de que esto sucediera. Inmediatamente, Gabos se dio cuenta que en el momento parecía imposible llevar a cabo la acción humanitaria (tanto para el perro como para él mismo). LuLu le dijo a la educadora que ella se la quedaba para buscarle un buen y merecido hogar. La educadora, con o sin autoridad sobre el tema, accedió.

Pasados unos minutos, LuLu dejó a la pequeña perrita en brazos de Gabos, mientras ella hacía las llamadas para encontrarle una familia adecuada. Surgió una buena oportunidad: una señora de la tercera edad con una hija con deficiencias en sus capacidades mentales. La señora es amiga de la familia de LuLu y confiaba mucho en ella. Esa misma noche, la señora en cuestión fue a recoger a la indefensa cachorrita. LuLu le hizo prometer a la señora y amiga que la cuidara mucho y que le diera mucho amor. Y cualquier inconveniente, que se la regresara.

Pasó casi un mes. La señora llamó a LuLu y le explicó que no podía quedarse más con la perrita debido a la ajetreada labor de cuidar a su hija. LuLu le comentó esto a Gabos y ambos emprendieron nuevamente un pequeño viaje para recoger al can. Y así fue: llegaron por la perrita que habían visto hacía un mes. Ésta los saludo como si los conociera de toda la vida, a fin de cuentas LuLu la salvó de lo que probablemente era un destino poco fortuito. Estuvieron con ella unos minutos y después, a encontrarle hogar. Durante el camino de regreso a casa, LuLu insistió a Gabos quedársela; hablar con su papá y resolver las diferencias para poder tener una mascota. Gabos no dejó nunca la esperanza a un lado y el tema le siguió dando vueltas toda la tarde… Gabos, sin decir palabra alguna a LuLu, se quedó pensando en las pláticas previas que había tenido con su familia y el esfuerzo sobrehumano que su hermano había hecho como labor de convencimiento… callado, pensativo, como quien espera a su otra mitad en medio de una estación de tren.  

Y llegó el momento: Gabos estaba ahora convencido que esa misma perrita que había cargado en brazos un mes atrás, había regresado a él por una cuestión, sea destino o sea suerte de haber cruzado caminos (tanto del perro, como de él mismo). Gabos habló con su papá: le ‘exageró’ un poco la situación, sin omitir detalle en la historia de la perrita, pero sin aumentar desgracias. El papá de Gabos (de gran corazón), accedió sonriente a la propuesta: esa misma noche la perrita se quedaría a dormir en casa para conocer a la familia.

Gabos le contó esto a su familia, incluída su amada LuLu, todos y sobretodo ellos dos, se emocionaron mucho. Ahora las posibilidades de hacer un sueño realidad se estaban materializando.

Y llegó la noche. El papá de Gabos conoció a la pequeña perrita: su sincera sonrisa y la satisfacción de hacer feliz a su hijo una vez más, fueron razón suficiente para darle la merecida bienvenida al nuevo miembro de la familia. Ahora había uno más en esa casa; que más que casa es un hogar. 

La perrita llevará por nombre Hostia. Y tanto ella, como LuLu, Gabos y el resto de la familia, son verdaderamente afortunados de tenerse los unos a los otros… hasta que la carnaza los separe…

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Monólogo en sobremesa

Todo empezó cuando mi mamá hizo un comentario en referencia a mis aretes y mi cabeza rapada: -te ves muy rudo así- dijo con cierta picardía. Y entonces, un amigo de un amigo de mi madre que nos acompañaba en la comida, empezó un monólogo que traía ganas de soltar desde que tomó asiento.

Pues es la moda. Ora ya ve usté joven los chavos que se rapan así y traen tatuajes en la cabeza. En mis tiempos era traer la mata larga y copete peinado, como Elvis. Yo traje mucho tiempo la mata larga. Pero son los tiempos de cada quien y se aprenden de las caídas. Porque, con el respeto de su mamá y de su casa, por mucho que le digan, nomás usté va a aprender de sus propias caídas. Si le dicen que se ponga el pelo así o de otra forma y usté no quiere… no importa. Porque nomás con sus caídas aprende uno. Yo tengo mis hijos también, y siempre que me preguntan algo de qué opino o qué pienso… yo les digo: “perdóname hijo, pero ese es problema tuyo. Tú y sólo tú vas a poder aprender de tus propios errores, yo ya aprendí de los míos y ahora te toca a ti”. Es que me cae que donde se aprende más es en la calle. Yo fui un niño de la calle. A mí mi familia nunca me aceptó y yo tuve que hacer mi camino en la calle. A los diez años ya estaba dando yo el rol en Acapulco. Por ahí de los 16 estaba en Veracruz. Luego, como a los 18 estaba en Chihuahua. Pos imagínense cuánto no aprendí yo… creciendo en la calle. Es como un niño chiquito, la mamá le dice “te vas a caer”. Y el niño sigue dando vueltas y jugando por ahí, hasta que se cae. Y la mamá: “te lo dije”. Pero el niño o la niña no iba a aprender por eso, sino cayéndose. Es como Cristo. Cuántas veces se cayó cargando la cruz y se levantaba. Hasta el final lo ayudaron. Pero así, uno solito va a aprendiendo. Y de todos aprende uno. Los padres de uno le dicen: “esa novia no te conviene” o “esos amigos no me gustan”, pero a fin de cuentas uno los escoge y de todos aprende uno. Porque hay amigos malos y buenos, pero todos lo educan a uno. Yo me eduqué fuera de mi familia, porque siempre fui rechazado; pero no odio a mis hermanos ni a mis papás, pido por ellos. Pero ellos no me educaron, yo me eduqué en la calle. Una vez le dije a mi hermano, el mayor: “gracias carnal”. Y me dijo: “¿por qué?”. “Porque no me ayudaste ni me diste nada…” Y él me dijo: “pero eso no se agradece”. Y yo le dije: “claro que sí, porque si tú me hubieras ayudado yo no hubiera aprendido todo lo que sé…” (risas) Pero así es, de todos lados se aprende. Yo tengo 66 años y durante todo este tiempo he estado macheteandole para ganarme el pan y aprendiendo; porque uno no deja de aprender nunca. Yo los veo a ustedes: a usté y su hermano. Veo cómo lo abraza. Ya hubiera querido yo que mi carnal me abrazara así, pero no… yo viví otras cosas. Pero ahora los veo a ustedes y también aprendo. Ustedes no se dan cuenta pero yo ahorita aprendí de ustedes, por cómo su hermano lo abrazaba usté. Y no es que quiera acaparar yo todo, pero ustedes me invitan a comer mis sagrados alimentos y yo lo menos que puedo hacer es retribuirles con algo, aunque sea con algo que yo sé… con lo que he vivido. ¿Y se acuerda joven, cómo empezó esta platica? Por los tatuajes en la cabeza… pero está todo conectado. Uno aprende de sus propias caídas y nunca deja uno de aprender en esta vida. Y perdonen si hablé de más, pero compartir siempre es importante. Y todos tenemos una misión en la vida ¿eh?. Nosotros los adultos tenemos que compartirlo con los jóvenes que vienen y ustedes harán lo mismo después. Si viera joven yo con cuantos platico… hasta  a los psicólogos los pongo en su lugar. Porque ellos son teóricos y yo soy práctico. Yo no estoy leído, yo aprendí de la práctica…  No estamos solos y hay que dar, dar, dar y dar… porque al final, no te llevas nada al otro lado.

Todos somos Marcos

Ya estoy harto de sentarme a escribir y no salga nada que valga la pena publicar. Ya estoy harto de nunca encontrar una película majestuosamente prometedora en la cartelera. Estoy harto de hartarte con mil y un besos. Estoy harto de las clases que no valen ni el paseo. Estoy harto de que no haya leche fría en el refrigerador. Estoy harto de sentarme a sentirme como me siento cuando me siento. Estoy harto de los bauchers. Harto de que te cobren mucho por un internet deficiente. Definitivamente harto de estar harto. Harto de tener que dar una monedita al errante vagabundo romántico que se pasea por el espejo retrovisor. Harto de tener que pensar antes de actuar. Harto de no actuar como me gustaría. Estoy harto de que el mundo gire a mi alrededor. Estoy harto de ti, harto de mi, harto de él, harto de ella, harto de nosotros, harto de ustedes, harto de ellos. Harto de tener memoria en el alma. Harto de no poder enseñarle al corazón acerca del olvido. Harto de tener en borradores todo lo que escribo. Harto de no encontrar la terapia adecuada. Harto de ‘tener que hacer’. Harto de tener miedo. Harto de aprenderme matrículas. Harto de no encontrar estética en mis letras. Harto de intentar ser y no ser ni la mitad. Ya estoy harto de los adioses que maquillan un hasta luego. Harto de los nunca que esconden un ojalá. Harto de jugar al corazón roto. Harto de las pilas que me hacen trasnochar. Harto de imaginar. Harto de usar códigos por miedo a estar expuesto… o miedo a sacarlo por completo. Estoy harto de sentir lo que no debería estar sintiendo. Harto de no tener a Hostia. Estoy harto del miedo que te tengo. Harto de parecerme cada día más. Harto de hacerme cada vez menos. Estoy harto de no fumarme contigo ‘el de la despedida’. Harto de no tomarme una caña a tu lado. Estoy harto del virtuosismo enjaulado. Harto de no verme en la bola de cristal. Harto del eterno retorno. Estoy harto de mi envenenada medicina. Estoy harto del destino equivocado. Ya estoy realmente harto de mi cuando no soy yo. Harto. Harto. Harto. Harto. Harto de usar siempre las mismas palabras para intentar decir siempre lo que no me atrevo a decir nunca.

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